Bolillo
El viaje fue largo, llevábamos casi tres días que no parábamos, estábamos cansados y teníamos hambre. El chofer de la van en la que ibamos se estacionó en un puesto de comida a un lado de la carretera. ‘Se venden Tortas Ahogadas’ estaba escrito en un anuncio a un lado.
Nos bajamos de la van y nos sentamos en una de las mesas. Solo esperamos dos minutos cuando la señora y una de sus ayudantes, una muchacha de unos quince años calculamos, se nos acercaron con nuestros platos. Eran platos azules, ovalados y llanos pero con un ligero borde; en él estaba servido un pan, comúnmente llamado ‘Bolillo’, pan económico y bastante popular en este país. El pan iba relleno de carnitas de cerdo acompañado de trozos de cebolla y bañados en una salsa roja. La señora se disculpó porque el platillo se hace con otro tipo de pan, pero como se le habían acabado, los preparó con el famoso bolillo. Nosotros habíamos viajado sin saber mucho, solo lo común, que se consume mucho chile y picante; pero en ese momento lo que queríamos era saciar el hambre. Sin emabargo, comimos muy poco. La señora, la muchacha y el chofer de la van, reían al vernos secarnos el sudor de la frente y las lágrimas que brotaban sin parar de los ojos. También reímos... ¡Qué otra cosa podíamos hacer!
Así fue como conocimos al famoso pan bolillo. Pan hecho de harina de trigo, tiene forma ovalada, afuera es de textura dorado y crujiente y por dentro es blanco y suave. Es el pan de cada día de muchas familias en este país. Por eso es común que los vendan no solo en panaderías o supermercados, sino también en tiendas de abarrotes en cada una de las colonias y barrios. Es tan famoso, que también te los llevan hasta la puerta de tu casa. Motorizados que trabajan en panaderías, llevan una cajita de cartón llena de pan bolillo en la parte trasera, y con el altavoz pasean por las calles de las diferentes zonas urbanas y no tan urbanas.
‘Bolillo, llegó el bolillo. Bolillo calentito, doradito y calentito...’ o ‘El panadero con el pan, el panadero con el pan, tempranito va y lo saca, calentito en su canasta, pa' salir con su clientela, por las calles principales y también la ciudadela, y después a los portales, y el que no sale se queda, sin el pan para comer...’ dicen dos de las canciones más populares de los bolilleros. Cuando se escucha cualquiera de estas dos canciones, salen los niños y mujeres de las casas a llamarlos y comprarles en cantidades. Para el desayuno, comida o cena... y a veces hasta para el susto. Así es. Existe una creencia popular que dice que al comer un bolillo cuando estás asustado o nervioso, te ayuda a disminuir la acidez ¡y hasta las náuseas!
Este pan lo rellenan de cualquier cosa y se convierte en ‘una torta’, pollo, carne, jamón y queso, cerdo, y así un sin fin de ingredientes y salsas. Y en época de pascua o cuaresma, es usado en un postre muy típico en casi todo el país, llamado ‘capirotada’. La receta cambia según la región, pero es básicamente pan bolillo rebanado y frito o tostado, bañado en un jarabe con miel de piloncillo, trozos de plátano maduro, pasas y cubierto de queso blanco añejo. La boca se hace agua cuando lo ves en pequeños vasos que las señoras de puestos ambulantes venden, o en las panaderías y restaurantes.
La vida gastronómica del bolillo es extensa, es uno de los elementos indispensables del hogar y de la cocina popular mexicana. Se consume y se vende, literalmente como ‘pan caliente’.
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